A lo largo de nuestra vida nos hacemos de rutinas aprendidas y adoptadas, algunas adquiridas por convicción y otras por obligación. Para cuando llegamos a la adultez cargamos con costumbres tan arraigadas, que muchas veces no somos capaces de discernir cual es la realidad fuera del paquete de prejuicios que ya traemos precargados, dirigiendo nuestras opiniones y definiendo nuestras acciones.

En tiempos de estrés y descontrol emocional, nos refugiamos en prácticas que nos llevan de manera inconsciente a un estado de calma temporal, conformismo y falsa seguridad. Rutinas de autosabotaje y autocompasión que, de a poco han conseguido tomar el control.

Todos estos hábitos o prácticas recurrentes que no tienen un propósito consciente se rigen segun nuestro sistema automatizado de reacciones que nuestro cerebro más primitivo utiliza para defendernos de cualquier escenario al que considere una amenaza.

Por ende, y aunque estas rutinas no se consideren fructíferas, también forman parte de nuestros hábitos, tan poderosos, potentes y latentes, como cualquier otro hábito consciente.

Ahora bien, los hábitos, conscientes o inconscientes, pueden ser productivos o improductivos. Algunas rutinas productivas inconscientes nos ahorran tiempo y energía, permitiéndonos enfocarnos en otras actividades que nos requieran mayor concentración. Como hacer los cambios en un vehículo de transmición manual mientras ponemos toda nuestra atención al camino.

A diferencia de los hábitos productivos que nos suman alguna ventaja competitiva o habilidad saludable, los improductivos suelen nublar nuestra visión, limitarnos, o distraernos de nuestros objetivos. Algo que no es del todo malo si lo que procuramos es mantener nuestra vida en balance, pero si de riesgo, si comprometemos nuestra integridad o calidad de vida.

Estos últimos, cuando inconscientes, escapan de nuestra autogestión. Regularlos requiere de introspección, más allá de “evitarlos”, “reprimirlos”, o “eliminarlos” los hábitos inconscientes, una vez identificados, hay que redirigirlos paulatinamente.

Siendo comúnmente el complejo resultado de nuestro sistema de autodefensa, o bien costumbres profundamente arraigadas, los hábitos inconscientes suelen hacerse notar, como reacciones involuntarias, en eventos que escapan de nuestro control.

Es fundamental comprender que la toma de consciencia de estos patrones inconscientes es el primer paso hacia el cambio. Al ser capaces de identificar estos hábitos arraigados, podemos enfocarnos en redirigirlos de manera consciente, con el fin de alcanzar una vida más equilibrada y alineada con nuestros objetivos y valores más profundos.

Este proceso puede ser lento y desafiante, pero el resultado es una mayor autonomía sobre nuestras acciones y una mayor coherencia entre nuestras intenciones y nuestra forma de vivir.

Do you want to know more about habits?/ ¿Quieres saber más sobre hábitos?

Get to know us!/ Conócenos!

Build powerful habits that drive your professional and personal growth.Identifica la raíz detrás de esas emociones conflictivas, redirecciona toda esa frustración con acciones más conscientes. Llibera tu potencial!
Identify the root cause of those conflicting emotions, and redirect all that frustration with more conscious actions. Unleash your potential!
Construye hábitos potentes que impulsen tu crecimiento profesional y personal.

Rate/ ¿Te gustó?

Rating: 5 out of 5.

¿Quieres saber más sobre este tema? Deja un comentario

Leave a comment